Las canciones dan a la animación la posibilidad de explorar lugares que no existen y de moverse sin los límites que plantea una cámara. Es en esta área que el destacado director y animador chileno, Leonardo Beltrán, ha encontrado la manera de complementar con éxito sus dos pasiones.

Por Francisca Herrera

Desde hace varios años, la animación ha buscado ampliar sus públicos de la mano de su variada gama de formatos y posibilidades. Es en esta exploración, que logra hacer uso de su versatilidad para ponerse al servicio y fusionarse con otra obra artística: la música. De esta mezcla, nacen los videoclips animados.

Ya en los años 30, Oskar Fischinger daba los primeros pasos en esta área. Su capacidad para combinar imágenes abstractas sincronizadas con los compases, lo llevó a ser considerado como uno de los precursores de los videos musicales animados. Pero no es hasta finales de los 60’ que The Beatles masificaron el formato con Yellow Submarine, dirigida por George Dunning.

Tras ellos, una serie de artistas han logrado trascender dejando imágenes icónicas en nuestro subconsciente, como lo son los pollos desplumados bailando en Sledgehammer de Peter Gabriel, dirigida por Stephen R. Johnson; o el baile de Michael Jackson con el conejo animado Spike en Speed Demon, dirigido por Will Vinton; entre muchos otros.

Es en este mundo en el que se ha sumergido el animador y director chileno Leonardo Beltrán, fundador del estudio “Niño Viejo”.

UNIR DOS PASIONES

Beltrán siempre ha tenido una estrecha relación con la animación y la música. La ha plasmado quizá de manera más soslayada, en la serie “La Leyenda de Zeta y Ozz”, transmitida por Cartoon Network, y en el premiado cortometraje “Cantar con Sentido, una bio grafía de Violeta Parra”.

Sin embargo, fusiona definitivamente estos dos géneros cuando se adentra en los videoclips. El realizador ha trabajado con la banda “Como Asesinar a Felipes” para la producción audiovisual de “Disparan (Fill the Skies)” y “Siempre será lo mismo”, con Epicentro para la realización en 8 bits “Basta de esconder la verdad a mis hermanos” y con la dupla FOEX y Paulo Sapiaín para “Ronin”.

  • ¿Qué te llevó a contar historias animadas con la música como guía?

Siempre quise salir de lo tradicional. Mientras trabajaba en la industria de dibujos animados para niños, que es lo que usualmente se hace en Chile, me permití explorar una pasión que siempre he tenido. Yo hago música como un juego, no hago música para nadie, usualmente es experimental y con instrumentos electrónicos. Gracias a eso me hice amigo de músicos y no faltó el que me dio un poco de confianza para hacer algunas pruebas.

El videoclip te da una la posibilidad importantísima de no tener un guion estructurado, sino que tener ideas y hacer una suerte de collage. A través de esa experimentación musical y visual, empecé a hacer videoclips hasta encontrar un lenguaje.

  • La animación tiene una versatilidad especial para contar una historia a través de la música. Al revés, ¿qué crees que le agrega la música a la animación?

Trato de elegir el sencillo que voy a animar justamente para que me entregue los insumos narrativos o atmosféricos que necesito para poder trabajar. La música es demasiado evocativa, sobre todo si no tiene letra, escuchar instrumentales o temas doctos te abre la imaginación. Eso es lo que en particular me gusta de la relación entre música y animación, que uno puede explorar lugares que no existen. Ahí es donde la animación se rinde ante la forma, ante la silueta, ante los colores, sin tener siquiera una figura reconocible.

Es simbiótico, la música te entrega insumos inmateriales como la animación también te puede entregar resultados inmateriales. Por eso me gusta, porque no es figurativo, ninguna de las dos cosas tiene que ser figurativa, entramos en un área poco reconocida, poco explorada y muy propia de la animación.

  • ¿Cómo es el proceso de producción de estos videoclips y los desafíos que encuentras?

Abordar todos los proyectos de manera diferente. Ojalá ninguno se pareciera al anterior, inclusive si se repite la misma banda. A “Como Asesinar a Felipes” ya les he hecho dos videos. Traté de que fueran totalmente diferentes para que sean una unidad propia y única reconocible.

Sólo en las últimas oportunidades me he dado la posibilidad de crear algo narrativo, que es un terreno un poco más explorado para los que hacemos animación. Presentar un personaje, hacer un desarrollo y plantear un clímax que sea lo suficientemente fuerte. En los videos anteriores no quería poner ni personajes ni una visualidad que fuera totalmente, humana, realista. Al contrario, intentaba que fuera orgánica, natural o abstracta.

  • ¿Cuál es la parte que más te gusta del making-of?

La creación de la historia, porque ninguna tiene guion. Lo más parecido a una pauta que hemos tenido es un papelógrafo con muchos post-it, donde se va haciendo una idea global desde cualquier parte. Hay videos que han partido desde una imagen y otros desde el sonido.

Aunque en realidad, el proceso de búsqueda inicial es súper personal, también me gusta el trabajo colaborativo, en el equipo de Niño Viejo todos aportan y es un agrado poder tener sus talentos a disposición y tratar de encontrar un cause que sea coherente a un sonido, a un relato que es solamente visual y musical, no narrativo, y a través de un personaje. Creo que ahí están los mayores desafíos, cuando se tienen que explicar este tipo de cosas a un compañero de trabajo. Es difícil, pero se puede.

  • Aquí hay que combinar el ritmo de estos dos tipos de expresiones artísticas: la animación y la música. En este sentido, ¿cómo ha sido tu relación con los músicos?

 Siempre exijo una relación humana con ellos, para poder tener un vínculo emocional con la pieza, y con la banda, ya que de alguna manera uno también los está eligiendo. Busco una relación de amor por el arte, por así decirlo, que nos gusten nuestros trabajos mutuamente.

En mis piezas trato de hacer algo totalmente innovador y por eso ellos me dan libertad para poder crear. He tenido la suerte de diseñar las historias desde cero y dar las ideas iniciales para que esto funcione. Una vez que la banda dice “sí, me gusta el concepto, tú dale”, me lanzo y avanzo como si fuera un cortometraje mío.

  • ¿Cuál es tu regla principal o ingrediente especial que no puede faltar en una producción firmada con tu nombre?

¿La exploración? ¿la diversidad? no sé. Me gusta harto hablar de la matemática visual, el ritmo y la forma en la que la música se introduce dentro de la imagen. Es super importante como el bit que va marcando la música se mezcla con el bit de la animación. Con hartos amigos hemos hablado de que el montaje es igual a componer música de manera digital. Creo que ese podría ser un sello característico.

En algunas ocasiones el bit de la música está calcado al de la animación y en otras está en contraposición, para diferenciar o unir la animación de la música. Todo esto, con fines totalmente estéticos, para molestar o para hacer una sincronía que resulte placentera. Son diferentes emociones que se pueden producir a través del montaje y la animación.

“Disparan (Fill the Skies)” de Como asesinar a Felipes y Chino Moreno (2019)

“Ronin” de FOEX y Paulo Sapiaín (2018)

“Siempre será lo mismo” de Como Asesinar a Felipes (2013)

“Basta de esconder la verdad a mis hermanos” de Epicentro (2012)

La Leyenda de Zeta y Ozz
© Cartoon Network LA, Niño Viejo, Punk Robot y Typpo

Cantar con Sentido
© Plastivida, Niño Viejo

  • ¿Cuáles son tus principales referencias nacionales e internacionales respecto al mundo de los videoclips animados? Algún o algunos autores favoritos que quieras destacar.

En particular del videoclip animado no tengo muchas referencias. Me gusta mucho lo que está haciendo ahora un estudio español que se llama Canadá, aunque hacen live action, crean videoclips muy particulares, muy estéticos, con una fuerte propuesta de arte. Pero en términos de animación, no tengo muchos referentes.

Lo que sí recuerdo, es que en un VHS con películas de Hayao Miyasaki, del estudio Ghibli, venía un videoclip animado (On your Mark). Luego de verlo me decía “no se puede hacer un videoclip tal como se hace en las películas o las series de anime”. Pero de cierta manera con el tiempo descubrí que al final es el estilo de Miyazaki. Varios artistas del medio de la animación han incursionado en los videoclips, hasta John Kricfalusi lo ha hecho en “I miss you” de Bjork; también Michael Jackson realizó un videoclip en stop motion, y así sucesivamente.

Creo que no hay una personalidad o alguien que se esté dedicando exclusivamente a esto, pero si se trata de directores de videoclips, pienso que Michel Gondry es lejos uno de los más importantes a mi forma de verlo, junto a Spike Jonze.

 Hay unos videos hermosos de Tame Impala que están hechos con plasticina, con cámara vertical simple. También recuerdo cuando salió el “Do the Evolution” de Pearl Jam, con los dibujos de Todd McFarlane. Me gustó mucho en su momento.

  • ¿Cómo ves el progreso de esta industria en unos años más?

No sé si existe una industria del videoclip animado en particular, ya sea nacional o internacional. Hay harto material y constantemente varios artistas los están produciendo, pero las cámaras digitales ganan mucho terreno en ese sentido. Creo que es una mirada súper realista de lo que hacemos, justamente porque los recursos de las bandas no están destinados a algo tan complejo y experimental como lo que hacemos en animación, y ahí hay una piedra de tope natural para que esto funcione. Aún está todo por hacerse porque hay muy pocos trabajando en esto.

Actualmente Leonardo Beltrán se encuentra con varias ofertas de bandas que lo están tentando para tomar la dirección de sus videoclips, labor que debe compatibilizar con una película de corte político en la que está trabajando, titulada “Historias Clandestinas” de José María González, y en un cortometraje personal llamado “Tregua”, un filme que muestra como la humanidad se ha equivocado con el planeta. SM